
Paseando con la bici y cámara al hombro por fortuna, me encuentro esta puerta en medio de un jardín, así, sin vallas, sin muro y tan siquiera un triste matojo para arroparla. Me pregunté si habría alguna barrera ultrasónica a los lados (a lo lost), metí la mano, pero no pasó nada (aunque si realmente me llegan a sangrar los oidos hubiera sido la leche). Total, que visto el panorama, por lo menos donde vivo la gente es bastante confiada y se puede permitir estas gilipolleces excentricidades. Ya ven, todo son ventajas.